sábado, 23 de octubre de 2010

miseria miserable non mísera

Una canica empuja otra canica,
una palabra obliga a la siguiente.

el silencio que envuelve mis dedos
se rompe en un tacto de puntas frías
y miradas nubladas

sin dejar de quererlo tiro el cubo
al pozo una y otra vez.
me ahogo en una mezcla de minerales
solubles en almas confusas,
en vidas prestadas.

rompo papeles que firmé ante notario
certificado (mi pepito grillo)
y vivo un día a día
sin garantía en las piezas
y con un ticket de devolución
en los primeros quince días.
y no me acuerdo de cuánto tiempo
hace que la compré, ni si el cronómetro
empezó a funcionar cuando me supe
o cuando me caí.

días oscuros engañan a noches
en las que los focos de la sala de interrogatorios
está vacía de muebles
y llena de humanidad
reclamante y reclamadora.

Y en la puerta hay un cartel que dice
que
la miseria sólo es miserable cuando es mísera.

6 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Uyssss si yo pudiera romper papeles firmados ante notarios.... Pero me hace falta una euromillón de los gordos...

Pasa un buen fin de semana.

Gracias y un abrazo.

Maritza dijo...

Coincido en la eterna compañía de Pepe Grillo...
Pero...¿habrá ticket de devolución del día a día, hasta los 15 días, como al comprar ropa??

Ay, amiga, qué profundidad más absoluta en tus palabras...

Me encantó, es TERRIBLE, DRAMÁTICO, SANGRANTE Y DESDE EL ÚTERO!!!

BESOS.

Ian Welden dijo...

Muy contundente y dramático, querida amiga.

Es la verdad pura y concreta y la presentas envuelta en una poderosa caja cellada con lacre amargo.

Abrazos desde una Copenhague tristemente melancólica,

Ian.

Larisa dijo...

Hace tanto que no juego a las canicas
y tan poco que me sentí miserable
que empiezo a intuir que algo va mal.
Y no es el maquillaje.

Besos con calefactor

Susan Urich Manrique dijo...

Me ha gustado muchísimo, me siento próxima a lo que escribes, es como si tus letras nacieran en los ovarios, cruzaran las costillas, doblaran la esquina para beber un poco de sangre en el corazón y luego tomaran la autopista hacia el cerebro, o al pensamiento mas bien, para acabar repitiéndose silenciosamente en la transparencia esa que nunca, nunca sabremos nombrar. Escribes bien, muchacha. Me voy gratamente sorprendida. Gracias por pasarte por mi blog. Te seguiré leyendo.

Álvaro Beltrán dijo...

(Leves movimientos
que a veces incuban
y a veces fagocitan.)

Paisana,
gracias por tus canicas.