jueves, 23 de septiembre de 2010

Mentiras a medias





Verdades a medias son mentiras completas.

Rompí el espejo con una mirada de odio y guardé los trozos brillantes
de mi reflejo encima de un armario.

Recorté las fotos de la vida que me conté e hice un collage con brazos
mutilados y cabezas decapitadas.

Puse todas las sillas bocabajo y me senté en una de ellas golpeando con
ritmo autístico mi cabeza en el suelo.

Arranqué el dibujo del suelo con una uña y quedó amarillo beige,
el color de las cosas polvorientas.

Guardé la luna en un vaso sucio y cuando busco su imagen blanca
veo un reflejo borroso y atenuado.

Llené la bañera mugrienta de agua mohosa y lavé el pelo a las
muñecas de porcelona de mi abuela muerta.

Escribo letras con sentido infame en el lago que hay en el váter,
y borro palabras sesudas de disquisiciones sobre el ser humano
tirando de la cisterna.

La bombilla de la escalera de la planta de los difuntos que no quieren
irse es de 30w, y siempre hay un ahorcado que la tapa
oscilando.

Los psicopompos se esconden en los pliegues de la realidad,
y no dejan de gritarme que lo que parece vivo está muerto
y que los muertos no duermen.

2 comentarios:

Laura Caro dijo...

Pues nada.
A seguir.
Que no es fácil.
Un abrazo

Maritza dijo...

De un dramatismo tremendo, Elena.
Estremece leerlo.
Sabes que cuando leo tus textos, imagino un gran libro, en prosa. Has publicado alguna vez?

Besitos.
Algo enferma, te saludo desde Chile con un abrazo.