jueves, 12 de agosto de 2010

Uno tras otro

En la verdad mentí.
Arañé un coco que al abrirse me cegó con una blacura tan llena de nada que me sumí en una ceguera negra como el asfalto más caliente.
Recolecté con una segadora verde todos los tallos antes de que crecieran para que los parcelistas no sacaran a sus hijos del colegio para que ayudaran en el campo nunca más.
Devolví la voz a hombres autistas para que gritaran verdades acusadoras a madres gritonas que servían de tampón bucal a padres castrados por exceso de erección homosexual.
Eliminé de la carne de prostitutas de carretera lactantes de bazuco las cicatrices de puñaladas en la última violación con rapto a lo Perséfone.
Llevé a una niña preciosa escondida debajo de una capa de churretes y de pelos grasos a quien todos acusaban de seducir a su padre al patio de colegio que regenta Mary Poppins.
Condené en juicio sumario a una mujer maltratada subvencionada hasta las cejas por romper los tímpanos de sus cuatro hijos pequeños.
Me presenté en la puerta de la persona a quien más quise y le curé todas las heridas con ayuda del 061, equipo especializado en traumas con herida abierta.
Recé plegaria tras plegaria en un susurro obsesivo, bajé al fondo del océano para buscar el coco y lo subí a la montaña más alta. Y cuando conseguí abrirlo, segura de la gloria; escuché lo que más temí oir en los años de maratón olímpica de Japón.
En la verdad mentí. En la mentira verdastes. Cobardía tras cobardía te hicistes valiente; valentía tras valentía te hicistes cobarde.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ser testigo de quién se atreve produce una fatiga continua, un malestar de esos que acabas incorporando a tu carácter, un dolor insufrible y un orgullo pegajoso. Nunca podré comprender lo que la vida hace con las diosas.

Elena Lechuga dijo...
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Anónimo dijo...

Ya te la he devuelto en un mensaje anterior...que estamos chulita, no? Yo diría que las obliga a bajadas de escaleras que nadie observa mientras le piden un cafelito o un abrazo en la pendiente, a inventar pucheros ecológicos para bocas insaciables por las que se sienten atrapadas, mas bien por no saber explicarselo a sí mismas, por ser lo único para lo que no tienen la última palabra, mientras creen que es una cuestión de corazones y locura, a amamantar a familias huérfanas e incestuosas mientras sus espaldas y sus huesos se erosionan de carencias, a esperar, a esperar eternamente a que en la ignorancia que les rodea se produzaca un milagro, a ser cuestionadas por pichas de tres al cuarto, prestándole unos cojones imposibles, a llamar jefas a amigas pusílanimes para camuflar quien está al servicio de quién.
Yo he dejao de hablarme con la vida y me he subido a cabritos de quien cree ser su colega gracias a que puedo simular brujería con una diosa que me consiente.

Elena Lechuga dijo...
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