jueves, 19 de agosto de 2010

El vecino del quinto

En el centro de la tierra está el verdadero origen. Hay una madeja de lana resisitente de la que se crea toda materia orgánica. La inorgánica ya estaba, no se sabe desde cuando. No sale solamente un cabo, sino innumerables, y de diferentes colores. Y cada uno de ellos se deshilacha en otros tantos. Al final de cada hilo se encuentra una persona que se alimenta y se construye a partir de ese trocito de núcleo. Por eso son todas diferentes, pero hay grupos parecidos si se originan del mismo tronco.
Algunos tienen más sentido, otros más sensación o percepción. Los hay obsesivos, desordenados; personas que sólo ven una parte y otros que no ven ninguna. Se comenta que algunos se alimentan de varios hilos a la vez, y que son los marcados por el lado oscuro, porque pueden agarrarlos e ir aproximándose cada vez más a un principio que es a la vez un final sobreescrito.
La mayoría sin embargo tienen la vista puesta en un cielo que no es tal y como lo ven, porque las partículas atmósfericas y la incidencia de la luz evitan una visión "real" de lo que hay en lo que ellos denominan aire. Y nosotros, desde aquí arriba, observamos sin ser vistos al nido de bichitos enjambrosos que se mueven ahí abajo. Y nos sentimos vistos desde otro arriba... Y tenemos filósofos nihilistas con sus teorías al respecto, historiadores que recrean un principio de nuestra tarea como observadores y matemáticos que quieren encontrar una explicación numérica.
Y mi vecino del quinto sótano se ha comprado una escopeta de aire comprimido para ver qué pasa si se dispara a sí mismo y es absorvido por el vacío que genera esta arma sorprendente. Piensa que a lo mejor lo transporta a una dimensión paralela. Si tiene suerte, perpendicular. Hemos quedado luego, a ver qué pasa. Por si acaso, no abráis los grifos hoy.