viernes, 27 de agosto de 2010

Que no sepas de tí lo que no sabes de los demás

Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda.
No tengo problema, porque la derecha es ciega y la izquierda sorda.

Al principio no se planteaba lo de dentro, sólo se preguntaba qué era y por qué lo de fuera.
Luego perdió toda noción de unidad en una amalgama de conceptos sobre una identidad ignota.
En algún momento la semilla central se unificó ramificándose en varias raices. A partir de entonces coherencia con uno mismo; es difícil enseñar a alguien todas las caras.

La diestra y la siniestra.
La siniestra coge las llaves de casa y abre la puerta del trabajo.
La diestra saca la coca y se prepara una raya.
En el centro, un cuerpo hemipléjico según quién mande.

Mi cuerpo está cambiando
y no sé cómo
la piel mudando
ya no estoy roto.

En los dibujos que veía de pequeño había buenos y malos.
En el colegio estudié Historia, y había ganadores y vencidos.
Los libros de psicoanálisis me enseñaron motivos para las maldades,
pero yo ya había perdonado en los demás lo que ni veía en mí.

Ahora intento diferenciar bondad y perversión,
mí de ellos,
y quiero volver a encender la tele y ver Batman.
Pero en telecinco ponen pateras donde mueren menores
en antena tres revueltas de negros que se matan entre ellos
en la primera judíos tirando bombas
y en la segunda un reportaje de actos terroristas palestinos.
Y ya no sé quién tiene razón,
si la maltratada es masoquista,
si comprendo los motivos del maltratador
o si hay que dar los niños a servicios sociales.

Ésta película no tiene guión,
no hay límites ni final
y ya soy demasiado mayor
para confiar en las manos de alrededor
o en el criterio propio que no va a fallar.

El príncipe azul ha mordido también la manzana
y Peter Pan ha caido en manos de Garfio.
Y en Lost todos muertos.
Pá habernos matao.