miércoles, 7 de julio de 2010

Mi infancia terminó antes de que empezara. Y está bien. La adolescencia fue una toma de conciencia del sitio en el que había aterrizado desde el planeta de Rasputín, donde las naranjas son rojas y los tomates naranjas. No me dediqué sólo a hablar de niños y de peinados; envidiaban mis notas de literatura y yo sus conversaciones eternas sin sentido para mí. El teatro ayudó. Y está bien. Inicié mi juventud envuelta en relaciones poco sanas, con aromas de dependencia y de freno intelectual. Y está bien así. A medio camino usé el freno de mano. Como era de esperar derrapé, y profundicé en el estudio del planeta rasputino, lo que me hizo aún más incapaz a sus conversaciones. Y está bien, porque no pudo ser de otra manera. He empezado a usar el freno de servicio, pero a veces se me resbala el pie y las palabras corren más que mi capacidad de traducirlas al exterior, y está bien porque no se puede hacer si no es así.
He perdido más batallas que luchas he tenido, y he puesto más banderas que picos altos hay. Y está bien, porque es la forma.
Busco opciones, hago cosas que no me apetecen y me arrojo sin pensármelo a lo que quiero. Recibo críticas y admiraciones que no pido, porque no tengo saldo suficiente para pagar ni unas ni otras. Pero está bien, es la manera.
Perdí mi vida y gané existencia. Miré a la muerte y me dió la espalda. A veces la llamo, otras me busca ella, pero ninguna de las dos somos puntuales. Me digo que mi cuerpo es mío, y lo regalé a quien no lo merecía. Mi alma se esconde a veces, porque no quiere ver lo que no hago, y huye de lo que ya no tiene solución. Y está bien, porque al menos se que tengo alma.
Tendí la mano y encontré vacío; la guardé en el bolsillo y encontré tu calor. Me busco en todos, me hayo en ninguna. En este valle la lluvia no purifica, sólo embarra lo que ya estaba lleno de polvo.
Esperé más de lo que debía. Debo más de lo que espero. Hablo cuando no debo, y mis silencios me delatan.
Perdí mi vida cuando me la dieron, y gano la muerte mientras la busco para empezarla. Y no, no está bien. Nada lo está.