viernes, 23 de julio de 2010

Cementerio de elefantes fofos.

Amontoné huesos en una fosa común. Siempre olvido donde está, pero cuando llega la hora de tirar uno más, ahí estoy. Luego me quedo dormida y cuando despierto estoy en mi cama. Uno de los restos óseos era el de las buenas intenciones. Antes pensaba que había perdido inocencia al no decir "lo hice sin mala intención" cada vez que hería a alguien, porque siempre me pareció que era una manera de no asumir la propia responsabilidad. Ahora he descubierto que el hueso que tiré no fue el de la inocencia, si no el de la intención. Creemos que nacemos inocentes, y que vamos perdiendo cada día un poquito más de lo poco que nos queda. Pero hoy me he levantado pensando que es al revés, que se va ganando. Cada vez que comprendemos un comportamiento ajeno y somos capaces de actuar en consecuencia con nosotros mismos, sin fastidiar desde la buena intención. Debe ser porque esta noche soñé que no podía entrar en la única casa del amigo de una amiga donde me iban a dejar pasar un par de días porque no tengo casa propia. Y al pasar por la puerta de noche, el chavalín tenía una fiestecita allí montada y no podía entrar a por mis zapatos, así que me tocó andar descalza. Con el mal cuerpo que me deja notar el polvo, oye.
Así que he decidido que no soy hoy menos inocente. Que es la mala conciencia, o el sentimiento de inferioridad, o el miedo al que te hagan daño el que te lleva a decir que no te analice, cuando me limito a estar yo misma en mi mismidad, sea lo que sea eso. He recogido mi mala leche de cada vez que me han lo han dicho; incluso antes de dedicarme a lo que me dedico, porque esto es carácter, no profesión. Y esta noche me he visto en la fosa común. En la puerta ponía "Cementerio de Elefantes", porque una vez me dijeron que soy como un elefante en una cacharrería. Y yo siempre digo que a esa frase hay que añadirle un: "elefante sí, pero esbelto, por supuesto", porque si no a una le dan ganas de coger toda la inocenca que le queda y... no sé, hacerse un collar de perlas.
Y allí he dejado un huesecito más. Y me siento hoy más vieja, más inocente y con más ganas de vivir. Porque estar en un cementerio siempre te da vitalidad, aunque sea la fosa común de un cementerio de elefantes fofos. Y a la mierda las buenas intenciones hasta que no reconozcamos tambien las malas. Raza hipócrita donde las haya.