domingo, 31 de julio de 2011

manos blancas




Lina Schynius


Las manos que tiran del borde de mi vestido son blancas y no tienen ningún pliegue.
Pero la nube de líneas negras que tapan el canal de mis decisiones si se doblegan sobre sí mismas tantas veces que no sé dónde empiezan y dónde acaban.
Los minutos pares se me desborda el lleno.
Los impares el vacío hace eco en sí mismo.
La bobina se ha vuelto loca y ya no elijo de qué hablar. La cinta se cambia sola en función a las caras.
Y las manos siguen tirando.
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15 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

A mí me da igual todo eso.
Me caes bien te pase lo que te pase.

Besos.

Noelia Palma dijo...

hacia dónde te tiran, Elena?

Susan Urich dijo...

A veces no sé si lamentar o celebrar el hecho de comprender desde el estómago lo que escribes. Conozco el estado, Elena. Esta parte, Elena... andabas en mi cabeza cuando la escribiste?

"La bobina se ha vuelto loca y ya no elijo de qué hablar. La cinta se cambia sola en función a las caras.
Y las manos siguen tirando."

Tracy dijo...

Manos blancas... sin pliegues..., ummmmmmm.

Larisa dijo...

En la Edad Media te habrían quemado. Bueno, a mí antes. Así que esbocemos una sonrisa: estamos vivas. Amy Winehouse no.

Besos.

Pluma Roja dijo...

La maestría para que los minutos pares hagan una cosa y los impares otra. ¡Genial!

Besos.

Emily dijo...

el vestido se desteje...

Maritza dijo...

Tengo una impresión muy fuerte y clara de esas manos blancas sin pliegues...que siguen tirando.

Miquel dijo...

eso...eso...¿ hacia donde le tiran ?...

Doctora Anchoa dijo...

Limpieza de las líneas negras. Coge sólo una y estira tú hasta que deshagas el ovillo.

El GatoPardo dijo...

Y las manos...
al papel y la tinta,
sin saberse escrutados.

Un abrazo...

Carolum Art dijo...

Es una pasada lo bien que escribes, vas surfeando con las palabras y aterrizas de pie en la orilla, eres una y eso es algo. Un abrazo

Leo Mercado dijo...

No sé qué es lo que nos queda, después de todo. Uno anda, silvando, pensando en nada, creyendo que la vida es caminar bajo el sol de invierno, esquivando gente, rostros, palabras que nos pasan por los costados (que uno ve venir y alejarse). Y no. No, no, no.
Dale, tomate conmigo el café del poema anterior en tu próximo post.

El Joven llamado Cuervo dijo...

Manos mágicas o manitas calientes?

Madame Vaudeville dijo...

Realmente tiene un blog bárbaro. Y escribe bárbaro. Gracias por compatir.