martes, 1 de junio de 2010

Metamorfosis

Había una vez Algo. Algo se convirtió en Alguien, no se sabe muy bien cómo. Un día se encontró con Alguno, y fue entonces cuando pudo empezar a convertir el monólogo interno en una conversación. Durante años estuvieron hablando, compartiendo argumentos, discutiendo y hasta dándole puñetazos a las paredes. Pero un día Alguien se dio cuenta de que todo ese tiempo había estado intentando convertirse en Nadie, y que Alguno no lo comprendería. “Porque el proceso de individuación lleva siempre a un fin de colectivización que implica una disolución”. Y con estas palabras consiguió la Metamorfosis. Y entonces, fue cando se dió cuenta de que las palabras estaban muertas y no significaban nada, porque no se trataba de que ni Alguno, ni Algo ni Nadie no le entendiesen, como había creído hasta entonces. Se trataba de que el vacío de cada fonema iba extendiéndose como la Nada, iba haciendo desaparecer Todo. Y si Algo se había convertido en Alguien a través de la palabra, entonces había estado hecho de pantallas iluminadas que cambiaban de mensaje según la época del año o el canal de la tele; que es lo mismo escuchar palabras de Sálvame de luxe que de Cuarto Milenio. Que Todos usaban las mismas conjunciones, preposiciones verbos y sustantivos. Y entonces, Algo que luego fue Alguien y más tarde Nada llegó a la conclusión de que la diferencia estaba en la manera de unir las palabras. Y fue entonces cuando decidió comprarse una agujas de punto que fueran uniéndolas todas creando una malla protectora que ponerse y le abrigara del frío que da saber que eres Nadie. Pero las cosas de punto tienen agujeros, y por ahí se colaba lo que al principio era una brisa pero que se había convertido en vendaval. Porque las palabras tienen huecos que dejan entrever lo que hay debajo, y la mayoría lo zurce para que no se vea. Y como a Nadie no le gustó eso quiso unirse a la Nada. Pero no tenía GPS y no sabía como se llegaba hasta allí, no como era el proceso de cambio. Así que se sentó debajo de una escalera en un hueco pequeño con una manta y un libro muy largo. Y sigue buscando en las palabras del libro la manera de unirlas que le digan cómo acaba la historia bien. Y no encuentra las letras del FIN.