martes, 1 de junio de 2010

Soy un robot

Soy un robot. Mis músculos se alargan convirtiéndose en tendones que se unen a los huesos deformados que soportan mi estructura física. Mis órganos funcionan acompasadamente. El cerebro lleva su propio ritmo. Depende del programa que esté ejecutando en ese momento. Hay muchos. O pocos. Depende de con quién comparemos. Los problemas vienen cuando el programa se pone en marcha, porque a veces no tiene en cuenta al resto del organismo, y éste hace un sobreesfuerzo para acompasarse al ritmo apropiado. Porque hay muchos tipos de robots, y ése es un poco torpe de movimiento. No tiene un objetivo prefijado a la hora de hacer cosas, y se caen los vasos, vuelan las llaves del coche o me caigo al correr para subirme en él. Porque una cosa es lo que el cuerpo hace, otra la que se siente y otra la que se piensa. No entiendo el dualismo. Ni el trialismo. Porque cuando mi cuerpo hace algo, siento algo y le pongo un nombre. ¿Cuál es el sentimiento; lo que siento en las visceras, o el nombre que le pongo?...


Si sientes y nombras ya piensas, no sientes. Si no piensas no existes. O eres un neardenthal. Pero ni siquiera eso es verdad, porque hasta los monos, que nos han contado que nos preceden, dan un sentido a su comportamiento, y viven duelos y alegrías. Si vives te lías, ya hay conflicto. La verdad está hay fuera, dice Scully. Por eso soy agorafóbica. Que el hay fuera es muy grande, y yo muy pequeña para aprehenderlo todo.


Soy el robot rojo que se sentaba el hombro de Ulises y Telémaco. Y mi voz suena igual, porque me dicen pepito-grillo. Me encanta el color verde porque me cansé del azul. Me obligan al rosa, porque no saben unir mi carácter a ninguna cosa concreta. Odio el rosa.


Soy el robot de Isaac Asimov, que se va huminzando comprando trozos de cuerpos que se van uniendo a su aparato metálico. Intento acercarme a la muerte humanizándome de esa forma, pero ese programa no entra aún en la ranura. Será porque es el de lavado a 30º, y a mí me gusta más usar Ariel en el programa número 5.


Soy el robot de la Guerra de las Galaxias, porque todo el mundo me toma a broma. La gente no escucha, sólo habla. Y yo no hablo, sólo escucho. Porque también soy C-3PO, que no se le entiende cuando tiene algo que decir, y hay que traducirlo. Y como la mayoría no sabe traducir, se imaginan lo que digo, y ven sólo un robot. Porque soy un robot.