lunes, 24 de mayo de 2010

A un barquero



Las verdades del barquero tiran de la barca,
Giran sobre ella y rompen el ancla.
Imposible llegar a orilla porque las verdades nunca arriban;
En un lado son mazos, en la otra no llegan a semillas.
A veces la barca se hace grande, gran número de mentes la alimentan,
Otras se hace tan estrecha, que a duras penas una alberga.
Ni fú, ni fá, ni arriba ni abajo,
Sólo llevar y traer que no es poco trabajo;
Dejar en el que pasa a cambio de la esencia del ser,
¿la negrura de un alma? quizás la opacidad al ver.
Pero la barca se va cargando de un poso, como de té,
Que unidos a uno a uno aventuran el doler (ver, oler…).
Más allá de la nada, más acá del ser,
La continuidad discontínua, el hilo que se puede romper.
El aferrarse al pespunte zigzagueante saltando o arrastrándose,
Ver uno a uno a uno, una masa de infortunio;
La hiancia, el vacío, la fractura, la escisión…a veces integración.
Trabajo poco grato el del barquero, a veces sobre ciénagas
Otras en puro silencio…
Cuando no se quiere ver, se quieren cerrar los ojos.